Nada Personal
Hacer ejercicio regularmente, consumir vegetales y proteínas, evitar carbohidratos, no estresarse para evitar que los niveles de cortisol afecten las hormonas y consumir al menos tres suplementos distintos, como Inositol, vitamina D y complejo B, sin mencionar que el tratamiento para menstruar regularmente es parte de lo que una mujer con Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) debe hacer de por vida.
Parece que debería tener una vida de modelo, comiendo sano, evitando las preocupaciones y haciendo ejercicio regularmente, pero es que, si no lo hace, es más propensa a padecer diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer de endometrio y trastornos de salud mental como depresión y ansiedad.
En este mes de mayo, la revista médica Lancet cambió el nombre de esta enfermedad crónica por Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), con el objetivo de aclarar que este padecimiento va más allá de tener ovarios con folículos y sangrado abundante e irregular durante la menstruación.
Este síndrome genera múltiples alteraciones endócrinas, incluyendo problemas con la insulina, los andrógenos y las hormonas neuroendócrinas. Además, el término aclara que existe una disfunción ovárica que genera menstruaciones irregulares y tendencia a la infertilidad, y explica que los folículos no son patógenos.
Estas alteraciones hormonales juegan un papel importante en la salud emocional de las mujeres y, si se someten a procesos hormonales, pueden generar cambios constantes de humor e irritabilidad.
Este síndrome afecta al 21 por ciento de las mujeres en el país y la Organización Mundial de la Salud reporta que alrededor del 13 por ciento de la población femenina lo padece; no obstante, estima que el 70 por ciento de las mujeres con SOMP no están diagnosticadas.
Tener SOMP y atenderlo sale caro. En Puebla, el 56.1 por ciento de las mujeres cuentan con seguro médico y sólo el 18.3 por ciento de las féminas en el país cuentan con algún tipo de seguro médico, según la información más reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Esto implica que hay mujeres que tienen la enfermedad y que, o no son conscientes de ella, o no pueden atenderla como es debido. Tan sólo una consulta con un ginecólogo privado en Puebla ronda entre los 700 y 1200 pesos. Para el diagnóstico del síndrome y su tratamiento se requiere al menos un ultrasonido, así como varios estudios de sangre para medir hormonas, resistencia a la insulina, cantidad de testosterona, perfil de lípidos, entre otros.
Muchas veces incluso es necesario recurrir a un nutriólogo para tener una dieta sana y adecuada, pero actualmente los costos de la canasta básica han ido en aumento, según recientes reportes del INEGI.
Desde la tortilla, el jitomate, el bistec de res, el limón y el huevo, entre otros productos básicos. Sale más barato comprar una bolsa de papas de 20 pesos que gastar alrededor de 200 pesos en verduras e invertir tiempo en preparar una ensalada.
La hiperproductividad actual de la sociedad, que demanda que estemos ocupados todo el tiempo, los horarios extensos de las jornadas laborales, así como las labores de cuidados y tareas domésticas, reducen el tiempo para generar comidas nutritivas, hacer ejercicio y descansar.
Solamente en Ciudad de México y Nuevo León existe la licencia menstrual, donde, si se comprueba que hay dismenorrea incapacitante, es decir, dolor menstrual severo, se permite ausentarse dos días con goce de sueldo.
Pero la dismenorrea se queda corta frente al Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino. Aparte de fuertes dolores abdominales e incluso en la espalda baja, hay abundante sangrado y, sin una dieta adecuada, aparece cansancio generalizado y constantes cambios de humor.
Así, el SOMP no sólo afecta el cuerpo de las mujeres, también impacta su economía, salud mental y calidad de vida. Mientras el padecimiento siga siendo minimizado y poco comprendido, miles continuarán enfrentándolo solas y en silencio. La salud hormonal femenina no debería ser un privilegio para quien pueda pagarlo.




