Cohesión Social
Cuando el presidente de EU Donald Trump advirtió hace unos días del inminente ataque por tierra contra líderes de cárteles mexicanos en territorio nacional, la pregunta es si el operativo contra Nemesio Oseguera El Mencho “fue una coincidencia” con lo anunciado por Trump.
A juzgar por la declaración de un funcionario estadounidense, la respuesta es que no fue una casualidad la localización y abatimiento de uno de los principales narcotraficantes.
La muerte del Mencho y la captura de algunos de sus lugartenientes fue resultado de la colaboración de militares de EU especializados en áreas de inteligencia contra el tráfico de drogas, reveló la publicación digital del Darío Reforma.
“Haiga sido como haiga sido”, el gobierno de la Cuarta Transformación en el segundo piso con Claudia Sheinbaum Pardo les entró a los balazos contra los cárteles de la droga, aunque haya evitado declararle la “guerra al narco”, y por los hechos, se la ahorraron.
Desde el inicio de su administración federal de Sheinbaum, con Omar García Harfuch al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana, dejó atrás los abrazos de la supuesta estrategia de Andrés Manuel López Obrador para no confrontar a los delincuentes.
Empero, en los hechos, el gobierno de la 4T le dio la razón a su villano favorito, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa, al declarar la “guerra conta el narco”, o la “narcoguerra” con la que atacaban los morenistas a Calderón al acusarlo de “asesino”.
Si de empatar los tableros se trata entre los gobiernos de Calderón y López Obrador, el Genaro García Luna del sexenio obradorista no sería uno, sino varios de los exsecretarios del gabinete federal, empezando por Rafel Ojeda, ex secretario de la Marina y Armada de México por la red de complicidad con el CJNG de Nemesio Oseguera para el huachicol fiscal.
Pero la figura de García Luna palidece ante el monumental robo a Pemex y al Fisco, donde está señalado otro secretario del gabinete federal, Mario Delgado Carrillo, titular de la SEP federal, así como el expriista Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas.
Pero son más los “Genaros García Luna” de la 4T, y en la lista están incluidas las sospechas de los presuntos vínculos del senador tabasqueño Adán Augusto López con el grupo delictivo La Barredora, el brazo armado del CJNG en Tabasco.
La lista de narcopoliticos con el perfil de Genaro García en la 4T figuran el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, sobre quien pesan sospechas de complicidad de cogobierno con el Cártel de Sinaloa, y su presunto involucramiento en el secuestro del Ismael “El Mayo” Zambada.
Se le atribuye coparticipación en el asesinato del diputado federal y exrector de la UAS, Héctor Melesio Cuén, su enemigo político, de quien la fiscal General de Rocha alteró la escena del crimen.
Empero los personajes intocables en esta trama de la presunta narcopolítica con diversos señalamientos, con responsabilidad por omisión o comisión como presidente, es Andrés Manuel López Obrador, incluidos dos de sus vástagos, a quienes involucran en el huachicol fiscal.
Las recientes revelaciones del exconsejero jurídico Julio Sherrer Ibarra en el libro “Ni venganza Ni perdón” no dejan la menor duda del involucramiento de la Presidencia de la República con el crimen organizado a través de Jesús Ramírez Cuevas, el vocero de AMLO.
Otro de los indicios de esa complicidad es la también revelación de las audiograbaciones hechas públicas por la periodista Carmen Aristegui de la conversación entre el entonces titular de le Semar Rafael Ojeda, del gobierno de AMLO, con el contralmirante que le informó de la complicidad de sus sobrinos, otros mandos y aduaneros con la delincuencia con el huachicol fiscal.
Como si fuera un guión de las narcoseries de Netflix, el contralmirante y otros marinos, que sabían del robo multimillonario con el huachicol fiscal, fueron asesinados; uno en ataque directo, el contralmirante que informó a Ojeda de la narcored de huachicol.
Otro militar involucrado resultó muerto en un presunto accidente durante una práctica de tiro, y un tercero apareció con un disparo en la cabeza a bordo de su vehículo, haciéndolo pasar como un “suicidio”.
Con toda esta trama y revelaciones del huachicol fiscal operado por el CJNG con marinos, soldados del ejército, aduaneros, gobernadores, secretarios del gabinete y políticos, la FGR no investigó a todos los señalados.
Por el contrario, el gobierno de la república exoneró a los presuntamente involucrados, como fue el caso del vicealmirante Rafael Ojeda, y no citó a declarar al jefe de éste, el comandante en jefe de las fuerzas armadas, el presidente López Obrador.
Empero el problema también es político de fondo, y tiene que ver con el fracaso de los abrazos y no balazos de no estrategia de AMLO de atacar el origen de la delincuencia e inseguridad pública, léase la pobreza, y no quieren admitirlo.
Fracasaron las becas “Benito Juárez” a los estudiantes, porque ganan más atraídos con la función de “halcones” para la delincuencia.
Ocurre lo mismo con los programas sociales del “Bienestar”, porque las células del crimen organizado como el CJNG tiene mejor logística para entregar despensas, medicinas y juguetes en las comunidades pobres, con las siglas de ese cártel y el “señor de los gallos”.
Fracasaron los abrazos y no balazos porque los carteles como el mencionado tenía a su servicio a alcaldes como el de Tequilia, Diego Rivera, como cientos más en otros estados como Edomex, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas...
En Puebla, con los delitos cometidos por la célula del CJNG a través del grupo armado La Barredora -la franquicia tabasqueña- demostró qué territorio domina, con los ataques del domingo a tiendas de los colores rojo y amarillo y a una sucursal del Banco del Bienestar, en la zona nororiente de la ciudad capital, en respuesta al abatimiento de su líder Nemesio Oseguera Cervantes.




