Cohesión Social
El tianguis del mercado Morelos, como en otros centros populares de abasto, requiere de la intervención transversal del gobierno que atienda la problemática social y de inseguridad pública.
Convertido en una caverna de la economía informal, este mercado municipal ha sido abandonado por las autoridades municipales y estatales. Durante la administración de la alcaldesa poblana Blanca Alcalá Ruiz se intervino este espacio de venta de hortalizas, frutas, verduras y comida, para medianamente dignificarlo.
De funcionar entre el lodo en temporada de lluvias; con puestos de láminas, madera y toldos improvisados, el gobierno contribuyó a edificar locales comerciales, construir una nave de protección ante las inclemencias del tiempo y otorgar títulos de propiedad a locatarios.
Diariamente acuden miles de compradores al menudeo de diversos productos, con una intensa actividad comercial y económica como un popular centro de abasto.
Sin un ordenamiento municipal, carente de reglamentación, con mesas directivas sin acompañamiento de la municipalidad y el cobro de piso del ayuntamiento, el mercado Morelos se convirtió en un botín que terminó en poder de grupos delictivos.
Carente de un sistema de vigilancia policial, con mesas directivas sin seguimiento de contraloría social, en total abandono por los gobiernos municipales que solo se dedicaron a la recaudación sin ninguna mejora a locatarios y compradores, el tianguis se hizo rehén de la delincuencia.
En las últimas dos décadas el mercado Morelos se convirtió en un coto del poder donde los grupos delictivos sustituyeron a los recaudadores de impuestos del ayuntamiento poblano, a través del cobro del piso, la extorsión de locatarios y después convertido en un centro de operaciones delictivas como el narcomenudeo, homicidios e inhumaciones ilegales.
Este modelo de control delictivo del mercado Morelos se extendió a otros mercados municipales como La Acocota, el mercado Unión, Independencia, 5 de Mayo, etcétera, dominado por grupos de la delincuencia que sustituyeron la recaudación hacendaria municipal por el cobro de piso y la extorsión, so pena de muerte al negarse a pagar cuotas.
Con presunta protección de mandos policiales y políticos encumbrados en las diversas administraciones del ayuntamiento capitalino y de los gobiernos estatales, utilizaron a estos grupos delictivos como mapaches electorales y golpeadores de opositores, “servicios” que los encumbró y les permitió tener protección de ministerios públicos y de jueces penales.
Estos grupos delictivos -según fuentes policiales- tienen el control de mercados municipales, de los tianguis de ropa de paca, de los vendedores ambulantes en vía pública del Centro Histórico y en el primer cuadro de la ciudad, la prostitución callejera, la trata de personas, el narcomenudeo…
Estos y otros grupos han extendido al control de los tianguis, la central de abasto, venta de automóviles usados, entre otras actividades irregulares, y le disputan el poder del comercio informal a las agrupaciones sociales como la OPVA 28 de Octubre, Doroteo Arango, Antorcha Popular y demás agrupaciones que han medrado con la economía informal.
Sin una estrategia integral social y de seguridad pública, los gobiernos ahora les quitarán la unidad deportiva de Xonaca donde se construirá una de las estaciones del proyecto del Cablebús.
Las autoridades correspondientes deberían analizar la viabilidad de ejecutar su facultad de expropiación de locales comerciales abandonados del tianguis del mercado Morelos con fines de utilidad pública para restituir las áreas deportivas y crear un centro de labor social.
De paso, deberán intervenir el mercado Morelos, para dignificar ese centro de abasto que con nuevas normas y reglamentos municipales le den un giro de 180 grados a ese popular mercado del nororiente del estado, libre de actividades delictivas con protección a locatarios y consumidores, que les regrese la tranquilidad y seguridad a las colonias adyacentes.




