Hablemos de salud integral
La caída de las ideologías en el mundo ayuda a entender la labor educativa de instituciones universitarias como la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).
La prestigiada universidad privada, que abrió las puertas de sus aulas en 1973 en medio de una disputa política e ideológica entre las presuntas izquierdas y derechas poblanas en la UAP, rompió con esa falsa disyuntiva y se consolidó con altos estándares de calidad.
En esa década de los setenta la polarización de los proyectos educativos se centró, sin medias tintas, entre la educación marxista-leninista y la católica.
La polarización política e ideológica de la época llevó al extremo de enfrentarse dos grandes bandos con modelos de educación universitaria, como ocurrió en otros estados como en Jalisco, entre la universidad privada de “Los Tecos” (UAG) y la pública estatal de la Universidad de Guadalajara (UdeG) de “Los Padilla”.
En Puebla fueron los FUAS (Frente Universitario Anticomunista) contra los Carolinos; los primeros terminaron expulsados por priistas liberales y comunistas en las facultades de Contaduría, Administración y Arquitectura de la UAP.
Posterior a esas décadas de violencia y división, empezó la tregua entre la izquierda y la derecha, gracias a los buenos oficios del entonces gobernador Alfredo Toxqui Fernández de Lara, quien puso punto final a la disputa al alejarse él de posturas proclives de sus antecesores (Antonio Nava Castillo, Gonzalo Bautista Ofarril…)
La tregua detonó el acelerado desarrollo y crecimiento de los proyectos educativos en la universidad pública y privada (UAP-UPAEP), ambas, con importantes estándares de calidad académica.
Quedaron atrás las posturas ultra-radicales de presuntas izquierdas y derechas, con la diferencia de que la UPAEP creció y se desarrolló con recursos propios de empresarios fundadores del patronato y de los ingresos del esfuerzo de padres de familia con el pago de colegiaturas, que le dieron viabilidad y sustentabilidad.
Mientras, en la universidad pública la polarización se extendió hasta el final de la década de los ochenta, con el triunfo de los priistas sobre el ala de la vieja y deteriorada izquierda comunista.
Los que se apropiaron de la herencia del extinto rector Luis Rivera Terrazas terminaron en la calle, echados a punta de pistola, expulsados de manera violenta de la misma forma que lo hicieron en los setenta con los llamados FUAS, en 1973.
Fueron los gobernadores de la llamada ola neoliberal del viejo régimen del PRI, Mariano Piña Olaya y Manuel Bartlett Díaz, los que se apropiaron con violencia de la UAP, para convertirla en la Benemérita UAP (como la Cruz Roja) en la era neoliberal de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas.
Transformada en la BUAP, producto de alianzas y traiciones de presuntos comunistas que entregaron la Universidad al PRI, a cambio del negocio de mercantilizar la educación superior con la creación de universidades patito; los nuevos ricos, por cierto, militan en Morena de la mano de priistas.
Excomunistas como Ricardo Moreno Botello, Enrique Condés y Jorge Sánchez Zacarías, saben de los detalles de esa historia.
En este momento, con la caída de las ideologías, la UPAEP no es de derecha, ni mucho menos la (B)UAP lo es de “izquierda”, ambas universidades son competitivas en calidad académica -docencia e investigación-, en el trabajo científico y con vinculación social.
La UPAEP recibió a más de un investigador de la (B)UAP como ocurrió con el científico Alejandro Pedroza, que pasó de Semiconductores de la universidad pública al proyecto de Biomedicina de la UPAEP; como él, una cantidad importante de docentes e investigadores.
Este miércoles 12 de agosto de 2026 la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) inicia un nuevo capítulo universitario con la llegada del quinto rector de la institución, Jorge Medina Delgadillo.
Se suma a la historia en la educación superior poblana que comenzó el 7 de mayo de 1973 con los rectorados de Mario Iglesias García Teruel, Javier Cabañas Gancedo, Alfredo Miranda López y Emilio José Baños Ardavín.
Una universidad privada más liberal en las tareas sustantivas de la educación universitaria, con la caída de la cortina de hierro de las ideologías polarizantes, rankeada con excelencia, abrazada por una sociedad poblana desprejuiciada, pese a los resabios de odio y encono del actual régimen.