Nada Personal
La captura de los mandos policiales en la región mixteca y la detención del tirador de la vía Atlixcáyotl, son un buen signo de los resultados en materia de seguridad pública.
En contraste, el otro lado de la moneda, el lado oscuro, fue la balacera en pleno Zócalo, cerca de la Catedral de Puebla, en el corazón del Centro Histórico de la ciudad capital.
Se suma a ésta tragedia la ola de homicidios dolosos en la periferia de la ciudad capital como ocurrió con el asesinato de un matrimonio asesinado en su vivienda en la populosa colonia Castillotla, al sur de la ciudad, así como el crimen de un motociclista en Texmelucan.
Son relevantes los logros, indudablemente, pero el gobierno estatal debe transparentar exactamente qué ocurre con los mandos policiales, porque en Puebla, como en otros estados, no están exentos de ser corrompidos por la delincuencia organizada.
Trascendió que los mandos policiales municipales de Tehuitzingo, Chietla y Chila de la Sal detenidos mediante en un operativo simultaneo el lunes 13, están relacionados presuntamente con el crimen organizado y serán acusados por asociación delictuosa.
La Fiscalía General del Estado deberá explicar los presuntos vínculos de los exmandos policiales David N,; Gonzalo N. y José Santiago N. de Chietla, con la delincuencia organizada, presumiblemente con cárteles del vecino estado de Guerrero.
No es un asunto menor, lo ocurrido con los mandos policiales encargados de la seguridad pública, porque refleja el grado de infiltración de la delincuencia en las corporaciones policiacas del estado.
La gravedad obliga a la implementación de un operativo como el “enjambre” aplicado en los estados de México y Morelos para “limpiar” a las corporaciones que se supone cobra un salario para garantizar la seguridad pública, pero traicionan a la población al aliarse con delincuentes.
Y que no venga la secretaría de Gobernación estatal con el cuento de servir de tapadera de los presidentes municipales para librarlos de la responsabilidad, porque ellos designan a los directores y secretarios de seguridad.
Le aprendieron el caminito al exgobernador Adán Augusto López Hernández, de desconocer lo que hacía Hernán Bermúdez, el entonces secretario de Seguridad Pública de Tabasco, que a la vez era de jefe de la banda criminal La Barredora.
También la FGE debe rendir un informe preciso y detallado de las razones que motivaron a un desquiciado mental, un presunto empresario de origen español, atacar al azar con arma de fuego a los automovilistas que transitaban cotidianamente la vía Atlixcáyotl.
Donde sí se puede hablar de verdaderos actos de omisión e ineptitud es de la policía municipal de la ciudad capital, porque la violencia se les coló al pleno corazón de la ciudad de Puebla, el Zócalo.
La balacera ocurrida el lunes 13 por la noche a un costado de la catedral, atribuido el ataque armado a un presunto intento de robo de vehículo de alta gama, simple y sencillamente no es creíble.
La versión del presunto intento del robo de auto de lujo fue para distraer la atención de la opinión pública, porque a la fecha no se conoce ninguna denuncia ante el MP de los presuntos afectados.
Todo indica se trató de un ataque directo de sicarios contra el ocupante de automóvil de la marca Audi, sin que el protocolo de seguridad en el Zócalo capitalino se aplicara.
Es la Policía Municipal que, en sus narices, a metros del Palacio Municipal, no impidiron la quema de una de las puertas de la Catedral de Puebla; los asaltos a negocios como el Sanborns de la 2 Oriente, o roban en las oficinas del mismo ayuntamiento poblano.
Lo grave en la omisión de acciones preventivas de alguna manera sirve para entender cómo siguen ocurriendo homicidios dolosos y diversos delitos, incluidos los de alto impacto, en la ciudad capital, lo que explica los altos niveles delictivos y una percepción negativa de seguridad púbica de los habitantes.
Falta mucho por hacer en la ciudad capital y en el resto del estado, porque sigue la percepciones de que los gobiernos están perdiendo la pelea contra la delincuencia; los resultados se ven en las calles, no en las estadísticas frías y deshumanizadas del gobierno.




