Nada Personal
El oficialismo “la rompió” -como dicen los milenians- en mayo la ponerle más candados al control de los procesos electorales.
Culminaron la reforma judicial y a la legislación electoral con una demostración de fuerza en las plazas públicas de las ciudades, con motivo del segundo año del triunfo del continuismo de la 4T.
Celebraron así una de las más agresivas reformas constitucionales para protegerse y perpetuarse en el poder, la darle el tiro de gracia a la democracia electoral en México.
No bastó para el oficialismo apoderarse de los tres Poderes del Estado, recurrieron al blindaje constitucional para eliminar el riesgo de perder las elecciones, con una causal de anulación de una elección, cuando el régimen decida dónde y cuándo, lo que es regresivo.
Se han prendido los “focos rojos” dentro y fuera del país por el rasgo autoritario del gobierno con las últimas reformas.
Anular elecciones cuando se detecte “influencia extranjera”, alargar en su cargo a magistrados del Tribunal Electoral hasta 17 años y que el INE tenga una Comisión “anticrimen”, es la culminación del proyecto absolutista del cuatroteismo.
El blindaje contra la supuesta injerencia extranjera en los procesos electorales, al envolverse en la bandera nacional en defensa de la soberanía, fue el mejor recurso para proteger un modelo de gobierno totalitario, aliado con los poderes fácticos, incluidos los cárteles.
Dejar en el INE controlado por el Partido-Estado la decisión de quién puede o no ser candidato a un cargo de elección popular, es un despropósito.
La responsabilidad es de los partidos político, porque un candidato o candidata con presuntos vínculos con la delincuencia, no elimina los canales de financiamiento a las campañas electorales ni el blanqueo del dinero procedente de los cárteles.
La infiltración del crimen organizado trasnacional en la estructura gubernamental y de los partidos políticos, esa sí es una abierta violación a la soberanía nacional.
Es contradictorio legislar en México contra la presunta injerencia externa cuando el gobierno de la 4T interviene de manera abierta en los conflictos internos de países como Bolivia, donde la cancillería del gobierno de López Obrador ingresó a esa nación con aeronave militar para sustraer el pederasta Evo Morales.
Cómo entender el doble discurso de no intervención ni injerencia extranjera si el gobierno mexicano tomó partido en Perú a favor del expresidente Pedro Castillo, la emprendió contra el gobierno de Dina Boluarte, que terminó con la ruptura de relaciones diplomáticas.
Sheinbaum "ve riesgo de injerencia exterior" en México… pero envía miles de millones de pesos en buques petroleros y cargamentos de alimento al régimen antidemocrático cubano.
Utiliza el oficialismo el presupuesto nacional para apoyar el control del régimen cubano que reprime y suprime libertades de expresión, de manifestación, de asociación, elecciones libres y tiene en las cárceles a miles de opositores y excombatientes; ¿esa no es injerencia?
No es injerencista el pronunciamiento de diputados de Morena el 20 de Mayo en apoyo a Raúl Castro contras las acusaciones del gobierno del EU por los crímenes contra tripulantes en un vuelo don ayuda humanitaria. Es otra pregunta.




