Nada Personal
Penitencia, es un podcast con más de dos millones y medio de suscriptores en Youtube, conducido por la activista Saskia Niño de Rivera.
A finales de febrero de 2026, se subió la entrevista con “Beto”, que a la fecha de escritura de esta columna supera las 20 millones de vistas.
El entrevistado narra una vida construida desde el abandono, la violencia, y la ausencia de una familia que lo llevaron por el camino del crimen, que abarco desde robos, hasta sicariato y secuestro de menores.
Muchos espectadores han empatizado con él, catalogándolo como una víctima de un sistema roto, infancia violenta y una sociedad fallida, lo que desdibuja la capacidad de tomar decisiones, el disfrute y ganancia económica del crimen, el dolor de las víctimas, sus familias y la capacidad que un micrófono tan grande tiene de influenciar a su vez a más personas.
Hoy abordaremos a través de un enfoque multidisciplinario el fenómeno que ha sido “Beto”.
Partimos de un tema ya analizado. La violencia que el propio sistema social y económico ejerce contra todos nosotros.
No hay misterio en esto, sentirse excluido o marginado y tener un difícil acceso a oportunidades legitimadas para tener una vida esperanzada son elementos que favorecen actitudes y conductas violentas.
A lo que, si se le suman otros factores individuales como el contexto familiar, el temperamento, la personalidad y el aprendizaje, puede hacer que las personas vean la delincuencia como el único camino que tienen para mejorar sus vidas y cumplir expectativas sociales.
Estos elementos son los que construyen a Beto como una víctima del sistema, un niño roto cuyo origen y contexto lo empujaron a una vida de crimen, sin la posibilidad de otro modus vivendi.
Lo que crea la narrativa de empatía y justificación de los delitos tan severos que cometió, lo que se acrecienta con la manera personal en que cuenta su historia. Pero, nada debe de justificar sus actos.
Y es cierto, el trauma y el contexto influyen, pero no obligan. Inclusive, para el derecho penal, el trauma psicológico no es considerado una excluyente del delito.
De modo que, ni psicológicamente, ni jurídicamente se le puede librar de la responsabilidad.
Si asignamos el estatus de celebridad, glorificamos o recurrimos al sensacionalismo con quienes cometen crímenes horribles, estamos aumentando la posibilidad de que estos sujetos atraigan la atención para que se cometan crímenes similares.
Y esto es justo lo que sucede con el caso de Beto, la manera en que habla del dinero que ganaba, enaltece y se ufana de su conducta, como cuando el mismo dice que ojalá en otra vida le toque algo mas chido, pero que, si no, no hay pedo que lo vuelve a repetir.
Transmite un mensaje de que se puede llegar a la estabilidad económica, la fama y la notoriedad a través del crimen. Si se juntan todos los factores incorrectos, el resultado puede ser desastroso.




