Nada Personal
Toy Story 5 es una película animada de aventura comedia y drama de 2026, dirigida por Andrew Stanton quien pensó la historia y la co-escribió con Kenna Harris.
La trama sigue a al grupo de juguetes que ya todos conocemos (ahora liderados por Jessie y Buzz) quienes comienzan a verse desplazados por la llegada de una Tablet electrónica a las manos de Bonnie (su dueña) que sus papás le compran con el fin de que logre socializar, ya que es una niña introvertida, ansiosa y se le dificulta hacer amistades; sin embargo, pasa todo lo contrario, ya que la Tablet, rápidamente le causa adicción, la hace blanco de burlas y agudiza su ansiedad.
Pero, ¿Por qué le pasa esto a la protagonista de la película?
Estudios demuestran que el tiempo que los adolescentes pasan con los amigos, y el juego físico ha disminuido desde hace unos años gracias al uso de los aparatos electrónicos; sin embargo, es precisamente el juego físico, cara a cara, el que más necesitan para desarrollarse y, aunque estén hombro con hombro, si están atendiendo a dispositivos con conexión a internet, la calidad del tiempo que pasan juntos disminuye.
Los desarrolladores de aplicaciones y redes sociales utilizan herramientas psicológicas para crear una adicción basada en un bucle de detonantes y recompensas variables, donde la falta de gratificación constante y la inversión personal del usuario elevan los niveles de dopamina. Este mecanismo genera una persistente necesidad de revisar el perfil —incluso sin notificaciones previas— buscando validación social o entretenimiento rápido. Como resultado del proceso de adaptación cerebral, el usuario experimenta una frustración constante que lo impulsa a pasar cada vez más horas enganchado a la pantalla en busca del próximo estímulo placentero.
El traslado de la vida social de los adolescentes a los Smartphones generó un tsunami de enfermedades mentales global, que inició a principios de la década de 2010, entre ellas ansiedad y depresión, que en los peores casos, incluye atentar contra sí mismos.
La hiperconectividad, en efecto, hace crecer a los niños más rápido. El fenómeno se llama KGOY (Kids Getting Older Younger o Niños que crecen más rápido) e implica que estos tengan comportamientos de adultos, hábitos de consumo y madurez emocional cada vez más jóvenes.
En internet, todo mundo tiene la misma edad, que no es ninguna en concreto. Pocas plataformas verifican realmente la edad de los usuarios y realmente son muy fáciles de sortear, además hay poca o nula legislación al respecto. Por lo que, sin importar la edad, los niños y adolescentes tienen acceso a todo el contenido del mundo, lo que puede hacerles tener intereses que no deberían tener y saltarse etapas que les corresponde vivir.
Esta es la gran ironía de las redes sociales: cuanto más se sumerge uno en ellas, más solo y deprimido está, tal como le pasó a Bonnie. Aunque tampoco creo que la película sea un panfleto en contra de estas o de la tecnología, se trata de alzar la voz y crear una toma de consciencia, de saber que la infancia no se puede basar en el teléfono y que el juego, la independencia infantil y las etapas de la vida deben regresar, los smartphones, dispositivos y redes sociales llegarán, pero tienen que hacerlo en las edades apropiadas y que solo actuando colectivamente se podrá regresar la infancia a los niños.