Nada Personal
El agua es un derecho humano, no una concesión del poder público ni un privilegio reservado para quienes pueden pagarla. Por eso, cuando miles de ciudadanos salen a las calles para exigir agua limpia, las instituciones tienen la obligación de escucharlos, atender sus demandas y ofrecer soluciones. Lo que nunca puede aceptarse es que una exigencia legítima termine enfrentándose a la violencia de quienes tienen la responsabilidad constitucional de proteger a la población.
Los acontecimientos del pasado 11 de octubre en Guadalajara, Jalisco, deben conducirnos a una reflexión profunda sobre los límites del poder público y el respeto a las libertades democráticas. Miles de personas, entre ellas jóvenes universitarios, estudiantes y familias, se manifestaron para denunciar las condiciones del suministro de agua en sus hogares. Su reclamo era elemental: recibir agua limpia, suficiente y segura, como establece el artículo cuarto de nuestra Constitución.
El artículo completo en Quadratín Michoacán.




