Columna Descomplicado/Jorge Robledo
El ser humano habita una realidad donde la materialidad de sus derechos depende, paradójicamente, de quienes ostentan el poder de decisión sobre ellos. Este fenómeno de dependencia ha ocurrido hoy y siempre, un espacio donde la libertad original parece haber sido canjeada por una red de instituciones que a menudo olvidan su propósito fundacional.
La crisis radica en una verdad incómoda ya dicha por Rousseau “el humano, nacido libre, se encuentra rodeado de cadenas”, yo agrego “la existencia de un derecho conlleva, la limitación de una obligación”. Dicho lo anterior la civilidad surge como el eslabón perdido de la dignidad humana, permitiendo que la sociedad se reconozca a sí misma por encima de su naturaleza y se ocupe de equilibrar las circunstancias del nacimiento frente al control de su propia existencia.
El orden social no constituye un producto espontáneo de la naturaleza, sino que es un derecho sagrado que sirve de base a todos los demás. Se asienta sobre convenciones, no sobre fuerzas instintivas.
En el estado civil, el ser humano sustituye el instinto por el deber y el supervivir por la razón. Renunciar a la libertad equivale a renunciar a la cualidad de bestia; esto asegura que cada individuo, al unirse a la comunidad, solo se obedezca a sí mismo reconocidos en un todo y permanezca tan libre como antes.
El aleatorio natural y el peso de las circunstancias
Uno de los mayores desafíos para la dignidad humana es a lo que denomino como "aleatorio natural". Las condiciones de vida iniciales —lugar de nacimiento, salud, familia, capacidades, etc…— son producto del azar y no de la elección. Estas circunstancias obligan y limitan al individuo desde su origen, creando una injusticia original que la civilidad está llamada a mitigar.
La civilidad es la herramienta que permite al ser humano buscar un equilibrio frente a estas desigualdades asignadas. EL DESTINO NO ES UNA EXCUSA PARA LA INJUSTICIA. Una sociedad justa se rige por principios que cualquier persona racional aceptaría bajo un "velo de ignorancia", protegiendo a los menos favorecidos bajo la premisa de que cualquiera podría haber ocupado su lugar. La dignidad, por tanto, no es un estado estático, sino un proceso activo de contrapeso frente a la existencia misma y su azar biológico.
Civilidad: El derecho a tener derechos
La pertenencia a una comunidad política es la base de todo reconocimiento humano. El concepto del "derecho a tener derechos" advierte que, fuera de la ciudadanía, el individuo cae en una "nudez abstracta" donde deja de contar para el mundo. La civilidad actúa como el escudo contra este vacío existencial, garantizando que la inclusión y el reconocimiento mutuo sean la norma y no la excepción.
Manifiesto de la realidad física
No existen respuestas erróneas en la búsqueda de lo humano, pues mientras la búsqueda persista, la humanidad se mantiene vigente. La civilidad no es una idea etérea; es el latido de una sociedad que se compadece y se indigna. EL ESPÍRITU SE FORTALECE EN EL ACTO DE RECONOCER AL OTRO.
La civilidad es el acero que sostiene la estructura social frente a la tempestad de la arbitrariedad. El orden es libertad. La obligación es derecho. La civilidad es vida.
La filosofía cobra sentido en las manos de quien actúa. Se encuentra en el acto de convivir sin humillar. Se halla en la decisión de sostener la libertad cada día. Se trata de no solo ser humano, sino SER humano.
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IN: Víctor Rivera