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PUEBLA, Pue., 25 de junio de 2026.- La clasificación perfecta de México a los dieciseisavos de final del Mundial 2026 no solo provocó festejos masivos en calles y plazas de Puebla, Ciudad de México, Monterrey y otras ciudades del país. También activó un fenómeno social que responde a una necesidad de identidad, esperanza y cohesión en un contexto marcado por la violencia y la incertidumbre.
La Selección Mexicana cerró la fase de grupos con paso perfecto al derrotar 3-0 a República Checa, resultado que le permitió concluir como líder de su sector con nueve puntos. Tras el encuentro, miles de aficionados salieron a celebrar vistiendo los colores nacionales, entonando cánticos y apropiándose de símbolos virales como el llamado Pato Merlín.
Para Oscar Alberto Rojas Godínez, académico y psicólogo social de la Universidad Iberoamericana Puebla, estas expresiones van más allá de una simple afición deportiva. Explicó que el fenómeno puede entenderse a partir del concepto de "efervescencia colectiva", desarrollado por el sociólogo francés Émile Durkheim, el cual describe aquellos momentos en que una comunidad comparte emociones intensas alrededor de símbolos comunes.
El especialista indicó que, desde la teoría de la identidad social, las personas construyen parte de quienes son a partir de los grupos con los que se identifican. Por ello, durante los partidos es común escuchar expresiones como "ganamos" o "vamos México", aun cuando los aficionados no participan directamente en la competencia.
Rojas Godínez sostuvo que la euforia futbolística también funciona como una forma de desfogue emocional frente a una realidad cotidiana marcada por homicidios, desapariciones, inseguridad y dificultades económicas. Añadió que estos triunfos actúan como un aliciente emocional que permite a la población mirar hacia adelante y encontrar motivos de celebración compartida, aunque sea de manera temporal.
En ese contexto, figuras virales como el Pato Merlín adquieren relevancia porque se convierten en símbolos de pertenencia y optimismo. De acuerdo con el académico, representan la esperanza, el logro y el reconocimiento internacional que millones de mexicanos desean compartir durante el Mundial. Además, ayudan a consolidar la identidad colectiva al ofrecer referentes comunes que trascienden diferencias políticas, económicas o sociales.
Aunque calificó las celebraciones como una respuesta natural y resiliente de la sociedad, advirtió que la efervescencia colectiva también puede presentar riesgos cuando se lleva al extremo. Entre ellos mencionó la posibilidad de que surjan actos de violencia, especialmente cuando se mezclan con el consumo excesivo de alcohol, así como la eventual decepción colectiva que suele acompañar una eliminación del equipo nacional.
"Me parece que no hay que perder la dimensión de que es un evento que ocurre cada cuatro años y que cada cuatro años repetimos la misma experiencia. Con esa esperanza sabemos que en algún momento la selección va a llegar a determinado nivel o va a ser eliminada, y entonces viene también una sensación colectiva de decepción", comentó.
No obstante, consideró que estos episodios también ponen de manifiesto características positivas de la sociedad mexicana. "Somos una sociedad empática. Muchos extranjeros han hablado de nuestra capacidad de ser anfitriones, de recibir a las personas y tratarlas bien. Ante situaciones difíciles, como los desastres naturales, solemos responder con resiliencia y empatía", concluyó.
Para el especialista, la euforia que hoy acompaña el avance de México en el Mundial refleja precisamente esa capacidad de encontrar espacios de unión, alegría y esperanza en medio de un entorno frecuentemente atravesado por la fragmentación y las malas noticias.




